La historia es una lección sobre cómo superar el complejo de Edipo, los complejos infantiles que traumatizan y ahogan la edad adulta, que es uno de los temas favoritos de Jodorowsky. O sea una historia de rito de paso, de superación, de hacerse adulto. Para contarlo rodea la historia de una increíble exuberancia visual, barroca, teatral, simbólica.
Lo que chirrió, para mi, es que además el director quiso contar otras cosas, llenándola de demasiadas ideas a la vez. Por un lado la redención por el amor, el amor como única patria, único refugio, eso del amor que todo lo cura, que restaña las heridas, ese cuento tan conocido, obvio, demasiado obvio, y demasido viejo, de final feliz de los hermanos Grimm. La novedad es que sea una mujer quien con su amor ayuda al hombre a crecer y ser feliz, mira tu si al final van a reconcer estos autosuficientes que las mujeres valemos para algo. Pero está en contradicción con el amor violento que todo lo arrasa, los celos que matan, que es el amor de los padres del protagonista.Contradicción que, encima, no resuelve, ahí nos deja con los dos amores, uno para empezar y otro para continuar, lo que no nos dice es en qué orden y de qué modo hay que recibirlo, o corregirlo. O sea, que pretende ser una lección que no alecciona. Cada cual se lo monte como pueda, y así seguirmos.
3/7/2007 (12:48)